«Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría.» Salmos 90:12
Sin saber cómo, sin saber porqué, me encuentro en el otoño de la vida.
No se está tan mal en el otoño; en realidad, es una estación que me encanta, por algo mi llegada a este mundo fue en esa fecha; la de la caída de las hojas, el soplo del viento, los tenues rayos de sol, la respiración serena.
Los grises, verdes coral, azules turquesa, son mis colores,
Porque la vida también se puede vestir de color en otoño; aún mas, diría que también llega el esplendor en el otoño, se percibe de una manera intensa, los rayos del sol sin titubeos, inciden sin quemar la piel.
Porque la vida también se puede vestir de color en otoño; aún mas, diría que también llega el esplendor en el otoño, se percibe de una manera intensa, los rayos del sol sin titubeos, inciden sin quemar la piel.
Ya no hay castillos de naipes, sino caminos trazados,
la firmeza de la roca, la fortaleza del mar,
¡cálido aroma de miel!
Porque, quién lo sabe, así lo quiso Dios, un proceso por el cual aprendemos que lo mejor está por llegar; nos vamos acercando a nuestro verdadero hogar.
No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2




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