Ayer escuchaba a una persona decir que seguir a Dios es difícil.
No, amiga; difícil es seguir las pasiones de este mundo; pero no, escuchar el dulce susurro de Dios. Seguir a Dios es escuchar su voz, es sentir que ligera es mi carga.
Difícil es luchar con tus propias fuerzas para sólo arrancar un canto de desesperación de tu interior; es ver que éstas te van abandonando hasta abatirte.
No, no es difícil cuando Dios pone en tu boca las palabras justas y precisas que quieres expresar, pero por más que te aferrases por ti misma, lograrías articular: Se llama sabiduría.
No, amiga; no es difícil cuando aparece ante tus ojos ese texto que quieres compartir, salta como un pergamino alzándose ante ti, que tú jamás alcanzarías a desvelar: Se llama provisión.
Escucharle a él, es ser como aquel niño que sabe que la obediencia le proporcionará protección y libertad: Se llama confianza.
No, no es difícil; es la sabiduría de Dios haciéndose tuya, destilando como rocío, llenando ese vaso de barro que todavía ha de ser moldeado; mostrándote que ligera es tu carga.
Es sentir en tu rostro el viento apacible de Dios.
Es sentir en tu rostro el viento apacible de Dios.
¡Qué es preferible un día en tu presencia que mil fuera de ella!
Dámaris María (18 junio 2018)



Buenos tardes !! Preciosa Te deseo que tengas un feliz fin de semana
ResponderEliminarUn abrazo